El intérprete de sueños

Sermones

El intérprete de sueños

4 de julio de 2010

 

Los cristianos a veces tienen un sueño recurrente, que no es perturbador, el cual refleja un anhelo; el de verse reunidos con su Salvador en el cielo.

 

 

29 Estando tú, oh rey, en tu cama, te vinieron pensamientos por saber lo que había de ser en lo por venir; y el que revela los misterios te mostró lo que ha de ser.

30 Y a mí me ha sido revelado este misterio, no porque en mí haya más sabiduría que en todos los vivientes, sino para que se dé a conocer al rey la interpretación, y para que entiendas los pensamientos de tu corazón.

31 Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible.

32 La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce;

33 sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido.

34 Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó.

35 Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra.

36 Este es el sueño; también la interpretación de él diremos en presencia del rey.

37 Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad.

38 Y dondequiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él los ha entregado en tu mano, y te ha dado el dominio sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro.

39 Y después de ti se levantará otro reino inferior al tuyo; y luego un tercer reino de bronce, el cual dominará sobre toda la tierra.

40 Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, desmenuzará y quebrantará todo.

41 Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido; mas habrá en él algo de la fuerza del hierro, así como viste hierro mezclado con barro cocido.

42 Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino será en parte fuerte, y en parte frágil.

43 Así como viste el hierro mezclado con barro, se mezclarán por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro.

44 Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre,

45 de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación.

46 Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre su rostro y se humilló ante Daniel, y mandó que le ofreciesen presentes e incienso.

47 El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio.

48 Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le dio muchos honores y grandes dones, y le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia, y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia.

49 Y Daniel solicitó del rey, y obtuvo que pusiera sobre los negocios de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac y Abed-nego; y Daniel estaba en la corte del rey. Dn. 2:29-49

 

El tema de hoy, se desarrolla en una ciudad llamada Babilonia, capital de un reino del mismo nombre. Había sido fundada en Asia occidental (hoy Irak), por Nimrod (uno de los primeros humanos como grande opositor a los planes de Dios), como dice Gén. 10:8-10. Era el país o nación de los caldeos. Este reino cayó en 729 a.C. en manos de los asirios. Fue refundado por Nabolasar en 625 a.C. y tomado por los persas en 539 a.C., los cuales abandonaron Babilonia en 332 a.C. Después sufrió diversas invasiones, perdió su esplendor y hoy son ruinas lo que fue la ciudad y nación más rica y poderosa del mundo.

 

Nabucodonosor, de quien habla este capítulo, fue hecho rey de Babilonia en 605 a.C., era hijo del refundador Nabopolasar. En el tiempo de Nabucodonosor es cuando Babilonia alcanzó su mayor poder, pues era la potencia mundial. En 607 a.C. (cuando era príncipe), sitió y sometió a Judá y su capital Jerusalén y después a todo Egipto (2 Re. 23:34 a 24:7). Personalmente, Nabucodonosor llevó cautivos a los judíos hasta Babilonia, dejando solo a los más pobres; además saqueó el templo, lo destruyó y así también hizo con los muros de Jerusalén (2 Re. 24:8-20). Así inicia el periodo llamado de la cautividad de los judíos en Babilonia, que duró del año 587 a 517 a.C. (aprox. 70 años).

 

Daniel (cuyo nombre significa “Dios es mi Juez”), es el personaje de esta historia, es un joven judío traído por Nabucodonosor a Babilonia. En Babilonia los judíos en general, fueron bien tratados, no vivían realmente como esclavos.

 

La interpretación de sueños fue una práctica común en todos los pueblos de la antigüedad y lo sigue siendo no solo entre hechiceros y espiritistas, sino hasta entre cristianos pentecostales y carismáticos. Sigmund Freud (padre del psicoanálisis), hizo un famoso tratado sobre interpretación de sueños que tuvo vigencia muchos años.

Los sueños son reflejos de lo que guarda el subconsciente  (la subconsciencia es un estado inferior de la consciencia, en la subconsciencia se perciben cosas de poca intensidad o duración, que por lo mismo, son imperceptibles al estado consciente). Lo anterior quiere decir que los sueños no son premonitorios (es decir, no predicen); en todo caso, reflejan algo de lo que ha ocurrido y que en el estado consciente no se percibió.

 

Sin embargo, en la Biblia sí hallamos sueños que anunciaron algo en determinadas personas a las cuales Dios habló a través de su Espíritu, porque en ése tiempo Él así lo dispuso. Recordamos los casos de Jacob, José hijo de Jacob, Salomón, José esposo de María, etc.; esos sueños fueron parte de la revelación que Dios estaba entregando. Hoy, al contar con la palabra revelada de Dios en nuestra Biblia, ya no necesitamos la revelación por sueños. Los sueños, sueños son; ningún sueño nos debe quitar el sueño.

 

Pero volvamos a aquel tiempo, donde Dios hablaba todavía a algunos, a través de sueños. La historia de este pasaje, en los primeros versículos del capítulo 2 del Libro de Daniel, nos dice que el rey Nabucodonosor tuvo un sueño que le quitó el sueño. Nadie podía interpretar el sueño (ningún experto de Babilonia), sino Daniel. El problema del sueño de Nabucodonosor era que se le había olvidado lo que había soñado; quería que se lo dijeran y además que se lo interpretaran. La inquietud del rey era tanta, que prometió hacer pedazos a todos los adivinos que no supieran el sueño y su interpretación, pero ofreció dones, favores y honra a los que supieran todo esto (vers. 6). Los adivinos de Babilonia se dieron por vencidos y además se atrevieron a decirle al rey que no existía la persona que pudiera hacer esto y que ningún rey se atrevería a solicitar semejante cosa (vers. 10). Como ningún experto babilonio pudo cumplir con este requerimiento del rey, éste dio la orden de matarlos a todos, pero estaban incluidos Daniel y sus compañeros (vers. 6).

 

Pero Daniel usó de prudencia para solicitar al rey un tiempo para garantizarle la solución del enigma (vers. 17,18). El secreto lo reveló Dios a Daniel pidiendo éste sabiduría y él le alabó y le dio gracias (vers. 19-23). Después Daniel se presenta ante el rey y primero da la gloria a Dios y después da a conocer al rey el sueño y su interpretación; el sueño era de carácter profético:

 

El rey vio en el sueño una imagen majestuosa con aspecto terrible, (no se dice qué tipo de imagen era, si era de un animal, de un humano o de la combinación de ambos). La cabeza era de oro fino; su pecho y brazos de plata; su vientre y muslos de bronce; sus piernas de hierro; sus pies, hierro mezclado con barro cocido. Pero una piedra cortada no con mano hirió los pies de la imagen; después, como en cascada, se destruyó lo que restaba de la imagen y todos los escombros se los llevó el viento y no quedó rastro. Luego, aquella piedra se transformó en un gran monte que cubrió toda la tierra.

 

La interpretación es, que la cabeza de oro es Nabucodonosor, que tenía el título de rey de reyes, porque Babilonia era la potencia mundial. Daniel dice al rey que después de él vendrán otros tres reinos inferiores, representados por otros metales y uno más (dividido): plata, bronce, hierro, mezcla de hierro y barro. Pero después un reino indestructible desmenuzará y consumirá todos estos reinos, mediante una piedra cortada no con mano. Al la narración del sueño que había tenido y ahora recordaba y además su interpretación, Nabucodonosor da gran reconocimiento a Daniel, pero no da honra al Dios de Daniel. Muchas personas como este rey, una vez que reciben las bendiciones de Dios, reconocen que es el más grande o aún, reconocen que es el único Dios, pero no le reconocen como su Dios. Leyendo este libro más adelante, veremos que Nabucodonosor tendrá que aceptar al Dios verdadero, pero hasta aquí, sólo le reconoce como “el Dios de Daniel”.

 

El sueño de aquel rey fue dado en tiempos de revelación, fue un sueño profético que llega hasta nuestros días. La cabeza de oro representaba a Nabucodonosor 625-539 a.C. y su reino, un reino mundial. Algunos creen (parece lógico), que el pecho y los brazos de plata, representan a otro reino mundial que vino después; el medo-persa (539-330 a.C.). Siguiendo la misma secuencia de mencionar las potencias mundiales que se suceden, el tercer reino (el vientre y los muslos de bronce), es el griego (330 – 40 a.C.). El cuarto reino (las piernas de hierro) representa el imperio romano (40 a.C.-395 d.C.), que termina su hegemonía con el emperador Teodosio). Se cree que el reino dividido es el imperio romano de Oriente y Occidente con las capitales de Constantinopla y Roma respectivamente (pies de hierro y barro cocido), es además la mezcla del imperio romano y su alianza de carácter mundial (con la iglesia  católica, que había sido fundada por el emperador Constantino), para dominar todo. De ese imperio, Roma cae en 476 d.C. y Constantinopla en 1453, pero siglos antes de la caída de ésta última, la iglesia católica, que había sido propiedad del estado, invierte los papeles y pasa a ser propietaria del estado. Ésa alianza todavía no acaba.

 

La piedra cortada no con mano representa a Jesucristo el Señor, que traspasa todos aquellos reinos y los trasciende, pues Él funda el verdadero reino eterno, universal, perfecto y lleno de su amor, donde verdaderamente mora la justicia y cuyo asentamiento no es en la tierra, sino en el reino de los cielos. A estar en ése reino aspiramos todos los que hemos creído en Jesucristo como nuestro único Señor y Salvador.