Jefté, héroe de la fe

Sermones

Jefté, héroe de la fe

21 de febrero de 2010

 

El que ha decidido servir a Dios se compromete a vivir por fe y no debe dar marcha atrás; su conciencia cristiana se lo impide. Por eso, debemos calcular siempre los costos de servir al Señor, pero no quedarnos en el cálculo sino que debemos iniciar ya.

 

27Así que, yo nada he pecado contra ti, mas tú haces mal conmigo peleando contra mí. Jehová, que es el juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón.

28Mas el rey de los hijos de Amón no atendió a las razones que Jefté le envió.

29Y el Espíritu de Jehová vino sobre Jefté; y pasó por Galaad y Manasés, y de allí pasó a Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad pasó a los hijos de Amón.

30Y Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: Si entregares a los amonitas en mis manos,

31cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto.

32Y fue Jefté hacia los hijos de Amón para pelear contra ellos; y Jehová los entregó en su mano.

33Y desde Aroer hasta llegar a Minit, veinte ciudades, y hasta la vega de las viñas, los derrotó con muy grande estrago. Así fueron sometidos los amonitas por los hijos de Israel.

34Entonces volvió Jefté a Mizpa, a su casa; y he aquí su hija que salía a recibirle con panderos y danzas, y ella era sola, su hija única; no tenía fuera de ella hijo ni hija.

35Y cuando él la vio, rompió sus vestidos, diciendo: ¡Ay, hija mía! en verdad me has abatido, y tú misma has venido a ser causa de mi dolor; porque le he dado palabra a Jehová, y no podré retractarme.

36Ella entonces le respondió: Padre mío, si le has dado palabra a Jehová, haz de mí conforme a lo que prometiste, ya que Jehová ha hecho venganza en tus enemigos los hijos de Amón.

37Y volvió a decir a su padre: Concédeme esto: déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes, y llore mi virginidad, yo y mis compañeras.

38El entonces dijo: Ve. Y la dejó por dos meses. Y ella fue con sus compañeras, y lloró su virginidad por los montes.

39Pasados los dos meses volvió a su padre, quien hizo de ella conforme al voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón.

40Y se hizo costumbre en Israel, que de año en año fueran las doncellas de Israel a endechar a la hija de Jefté galaadita, cuatro días en el año. Jue. 11:27-40

 

Cuando en el periodo de los jueces el pueblo de Israel se entregó a la idolatría, Dios se enojó con ellos (pues dejaron de servirle). Por eso Dios permitió que aquellas naciones a las que habían copiado en idolatría, oprimieran a los israelitas 18 años. En ese contexto, los amonitas se aprestaron para tomar las tierras de Israel y éste reconoció su pecado cuando se vio en peligro inminente y pidió ayuda a Dios. Pero ambas naciones (Israel y Amón), se prepararon para la guerra, pero los de Israel necesitaban un caudillo (Jue. 10:6-18). Los caudillos son necesarios y la historia de todas las naciones así nos lo muestra; se requiere quién encabece las grandes gestas libertarias, los caudillos son personas dotadas por Dios de habilidades especiales y por lo mismo no tan comunes en el resto del pueblo. Sin embargo, los caudillos normalmente reciben un mal trato de muchos que les envidian o que no confían en ellos. A veces, son tratados injustamente hasta por los mismos que son beneficiados por ellos. Es muy fácil denostar a un caudillo, pero es muy difícil emularlo.

 

En Jue. 11:1-26, leemos cómo empieza la historia de Jefté galaadita, con fama de esforzado y valeroso, pero también siendo popular por ser ilegítimo (hijo de una ramera). Jefté fue echado de su casa por sus hermanos, más que por su ilegitimidad, tal vez por envidia y por codicia (nosotros, como cristianos, debemos tener cuidado de no discriminar bajo ningún argumento o circunstancia a otros). Jefté, en su huída, habitó del otro lado del río Jordán (Tob), donde vivían los más despreciados y (como el rey David en su momento), se hizo líder de hombres ociosos que merodeaban la zona (no necesariamente violando la ley). En ese tiempo, los amonitas declararon la guerra a Israel. Entonces los ancianos de Galaad (la gente con autoridad), se acordaron de las habilidades y virtudes de Jefté y fueron por él. Ellos le ruegan que los represente siendo su caudillo, pero Jefté les pregunta que, si en caso de ganar la batalla, seguirá siendo caudillo de Galaad después de la guerra (más de lo que le ofrecen) y los ancianos se comprometen a ello. Jefté accedió a ir con ellos a Galaad y fue electo por el pueblo como caudillo y jefe. Ya con tal investidura, Jefté dio una arenga al pueblo (y este hecho muestra que era una persona preparada en todos los aspectos y no solo para la batalla). Ya entonces en su cargo, Jefté envía mensajeros al rey de los amonitas para confrontarlo. Aquel rey responde que Israel invadió su tierra desde que llegó de Egipto y quiere que se le devuelva en paz. Jefté envía nuevamente mensajeros para explicar por qué poseen ellos esa tierra: Cuando Israel llegó de Egipto, anduvo por el desierto hasta el Mar Rojo y llegó a Cades y se quedaron allí un tiempo, porque los reyes de Edom y Moab no les permitieron pasar por su tierra, por eso, en su marcha tuvo que rodear ambas tierras y acampó a un lado de Arnón (que es parte de Moab). Después Israel solicitó permiso para pasar por la tierra de los amorreos (donde estaba Sehón como rey), los cuales se lo prohibieron y además le hicieron guerra, pero en una de las batallas más gloriosas del pueblo de Israel, éste venció a Sehón y como el que vencía tenía derecho sobre los territorios conquistados (entre los cuales estaba la tierra de Amón), los israelitas pudieron tomar posesión de las tierra dominadas por Sehón. Por eso Israel no consideró que hubiese robado la tierra, sino que Dios se la dio. En su mensaje al rey, Jefté le recuerda el caso de Balac, que tuvo miedo de Israel y por eso quería que Balaam les maldijera (Nm. 22:1-6), le recuerda Jefté incluso, que Israel ya tiene 300 años en ese lugar.

 

En el pasaje que tenemos a la vista, vemos que Jefté demuestra que hace lo correcto y le deja la causa a Dios. Aquel rey respondió al mensaje con obstinación. Pero Dios no discrimina y su Espíritu vino sobre Jefté, que avanzó hasta Amón. Entonces, como se acostumbraba antes o después de la batalla, Jefté hizo voto a Dios (Nm. 30:1,2), por si le concediere (algunos lo consideran apresurado) la victoria.

 

Al final del vers. 31, algunos creen ver en los originales una “o” en lugar de “y”, según esto, el voto consistiría en que el primero que saliese de su casa al regresar Jefté victorioso, sería dedicado al servicio de Dios si fuese una persona, pero si fuese un animal lo ofrecería en holocausto (lo sacrificaría). Mientras no se demuestre que el versículo 31 deba tener al final una “o” en lugar de una “y”, esto no deja de ser un recurso para explicar este pasaje complicado. Es mejor acudir al contexto para tener más luz y así lo haremos a continuación.

 

Efectivamente, Jefté ganó la batalla (Dios le ayudó). Una vez victorioso, vuelve a casa a cumplir su voto. Le sale al encuentro su única hija, alegremente (como le ocurre a muchos papás cuando regresan de la labor diaria que Dios les ha asignado). Cuando nos enrolamos en el servicio a Dios ya no debemos dar marcha atrás y debemos pagar el costo. El que no continúa; se equivoca, Jefté continuó, tal vez no se imaginó pagar el voto con su hija. Pero la niña o muchacha entendió el compromiso con Dios, porque seguramente su padre le había enseñado la importancia de los compromisos con Dios. Solo pide ella una concesión, pues el anhelo de toda muchacha era (y debe ser), casarse, pero ella ya no podrá hacerlo. Algunos creen (Harper y Macarthur), que el cumplimiento del voto implicaba un sacrificio humano, pero otros (Biblia Nelson), que consistía en la perpetua virginidad como un sacrificio vivo de ella y darla para el servicio a Dios. Esto tiene su base en que Jefté debió conocer la Ley, al ser líder del pueblo, acerca de la prohibición de Dios de los sacrificios humanos (Lev. 18:21, 20:1-5, Dt. 12:31, 18:10). Por lo mismo, ningún sacerdote lo auxiliaría para cumplir el voto. Si la muchacha debía morir no hubiera pasado los últimos dos meses en la montaña. Dios no hubiera honrado un voto basado en una práctica idolátrica. Lo que la muchacha lloró en dos meses fue su virginidad.

 

Así cumplió Jefté su voto. Se nos enseña que ella nunca se casó, no que haya muerto (fue apartada para Dios). A este respecto llama la atención la última oración del versículo 39. La gesta heroica de Jefté quedó en la memoria de los israelitas y como un recordatorio a su voto, se quedó la tradición de recordar también por cuatro días al año, la entrega de aquella muchacha ejemplar.

 

Para los que creen que Jefté hizo un voto apresurado que implicó la muerte de su hija, les ponemos un dilema: que digan entonces por qué Jefté aparece mencionado como un héroe de la fe en el grandioso relato de la Carta a los Hebreos, en su capítulo 11, versículo 32, ¿se equivocó el escritor a los Hebreos? De ninguna manera, pues Jefté es un héroe de la fe. Quien desea servir a Dios, no esta pensando en recibir sino en dar. Dios no quiere de nosotros promesas para el futuro sino obediencia hoy.