Jesús y la ira

Sermones

Jesús y la ira

18 de abril de 2010

 

A veces nos justificamos de cualquier reacción violenta que tengamos si somos agraviados, pero no existe razón alguna para ofender a otro, sea quien sea y nos haya hecho lo que sea. Esto se logra sólo si andamos con Dios.

 

 

21Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.

22Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

23Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,

24deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

25Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel.

26De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante. Mat. 5:21-26

 

En esta porción del mensaje del Sermón del Monte seguimos encontrando las normas de conducta que deben regir a todo aquel que ha decidido seguir a Cristo; son enseñanzas también para los cristianos de hoy que no debemos dejar en el olvido y siempre llevarlas a la práctica. También prevalece en este tema y en los siguientes de este sermón, el tema de la Ley de Moisés a la luz de la Ley del Evangelio.


No todo tiempo pasado fue mejor ni eran mejores personas las de otras generaciones, aunque también podemos decir en algunas cosas podemos estar peor y que algunas personas de hoy no son mejores que las de otros tiempos; todo es relativo (lo humano y lo común). Pero en el Señor Jesucristo siempre las cosas son nuevas y Él hace nuevas personas a todo aquel que cree en Él (2ª. Co. 5:17). Con el término “los antiguos”, se refiere el Señor a las generaciones precedentes que estaban bajo la Ley de Moisés. Al mencionar esto, Jesús está dando crédito a esas enseñanzas (no las está descalificando).

 

Se refiere aquí Jesús al sexto mandamiento “no matarás”, que encontramos en Ex. 20:13 y Dt. 5:17. El asesino era acusado ante el tribunal local donde residiera (Dt. 16:18, 2o. Cró. 19:5); pero a ello se reducía la interpretación de los fariseos. Existía la pena de muerte (Nm. 35:9-28), pero existía el perdón para los homicidas que no lo hicieran con premeditación, los cuales tenían que vivir en las ciudades de refugio (una especie de cárceles), mientras cumplían su condena y mientras viviera el sacerdote que los había condenado. Quiere decir que en la ley, acerca del mandamiento “no matarás”; el que mataba debía morir, pero también había atenuantes para los homicidios accidentales.

 

Este mandamiento prevalece hasta hoy y no solo para los judíos y los cristianos; la ley lo prohíbe en todas partes del mundo, pero algunos han inventado artificios legaloides para matar. Como creyentes en Jesús entendemos que en el evangelio no hay lugar para la pena de muerte; está muy claro, ¿o no? “No matarás”, punto. ¿Qué significa?- eso, no matar. Así que, si una persona recibe el evangelio cuando está enrolado en el ejército, gracias sean dadas a Dios por ello; si lo convocan a una guerra, como es cristiano, deberá negarse, probablemente reciba un gran castigo o lo corran o lo arresten o lo fusilen, pero no deberá matar bajo ninguna circunstancia y que pase lo que pase. El cristiano debe ser una persona íntegra con decisión y valor.

 

Están en contra de lo dispuesto por Dios todos aquellos mandatarios que convocan a la guerra (y algunos de ellos supuestamente son cristianos). Esa falsa interpretación de las Escrituras la han sostenido muchos a lo largo de la historia (ha matado en nombre de Dios la iglesia católica a través de los españoles en la conquista de América y lo ha hecho en muchas otras fases de la historia del mundo. También lo han hecho naciones como Los Estados Unidos y muchos otros.

 

En ámbito individual, un médico cristiano se negará a practicar un aborto o la eutanasia. Esa negativa podrá tal vez generarle problemas y/o sanciones legales  y laborales pero como es cristiano, se negará y pasará lo que tenga que pasar. No es necesario  que el pastor se lo diga (a veces los pastores no siguen las Escrituras como las estamos leyendo), basta con que cada uno lea su Biblia y le crea a Dios.

 

En el versículo 22 la palabra “Pero”, indica una diferencia todavía mayor a lo dicho anteriormente; nos enseña que en Jesús es la gran diferencia (“Yo os digo”). La palabra de Jesús es superior a toda la Ley de Moisés (Ap. 21:5). Si respetar la Ley ya es en sí un compromiso ético, la enseñanza de Jesús va más allá, no es necesario acabar con la vida del otro para ser homicida; lo es ya de alguna manera el que se enoja contra su prójimo, diciendo o no palabras ofensivas (es pecado mortal, merece castigo). Debemos evitar la ofensa. Decir a alguno necio, es decirle ignorante y que no sabe lo que podía o debía hacer, que es imprudente o falto de razón. Que es terco y porfiado en lo que hace o dice. Algo semejante es decirle a alguno fatuo, pues es equivalente a decirle que es falto de entendimiento o que está lleno de presunción infundada y ridícula. Es gravísimo ofender así a las personas, pues todas son hechas semejantes a Dios, el que tal hace merece el infierno, pues con sus palabras de alguna manera está matando al otro.

 

Tanta importancia tiene para Dios lo anterior que, si alguno ofende de esta manera y trae su ofrenda a Dios, será mejor que se quede con ella. La ofrenda debe ser de corazón y manos limpios, si no, es mejor no traerla (esto difícilmente lo escuchará usted de los predicadores que hablan de la prosperidad o del clero católico; pues lo que éstos engañadores quieren es recibir más dinero, no importa su procedencia.

 

Qué importante es entonces que nada debamos guardar contra nuestro hermano de raza, de sangre o de la fe.

 

Si somos cristianos, somos capaces de ponernos de acuerdo con cualquiera para evitar pleitos legales o de cualquier naturaleza, pues estar en la cárcel es de mal testimonio (a no ser por causa del evangelio).

 

Algunos no creyentes (no todos), están dispuestos siempre a aplicar “todo el peso de la ley” a quienes les agravian, pero nosotros estemos listos a aplicar todo el peso del amor de Dios.