La familia cristiana

Sermones

La familia cristiana

2 de mayo de 2010

 

Así como no hay fe sin obras, no hay creyente que no sirva a Dios y no hay creyente que no quiera que su familia sea salva.

 

14Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.

15Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

16Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; 17porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos.

18Y Jehová arrojó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra; nosotros, pues, también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios.

19Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados.

20Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien.

21El pueblo entonces dijo a Josué: No, sino que a Jehová serviremos.

22Y Josué respondió al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que habéis elegido a Jehová para servirle. Y ellos respondieron: Testigos somos.

23Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel.

24Y el pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos. Jos. 24:14-24

 

El pueblo de Israel nació con las bendiciones de Dios, pero se apartó por otro camino. Existen familias cristianas (evangélicas) que habiendo recibido grandes bendiciones de Dios, luego se apartan completas o sufren la separación del Camino por algunos de sus miembros. Hay grandes semejanzas de la familia con una nación como Israel. Dios estuvo siempre con Abraham en todas sus travesías, con Isaac  y Jacob (en Egipto), pero también con Esaú (en el Monte Seir); con Moisés, Aarón y todo el pueblo, cuando salieron de Egipto y cruzaron el Mar Rojo, luego el desierto, hasta llegar a Canaán. Es Josué a quien Dios permite llegar a la tierra prometida con otra generación, para tomarla conforme a la promesa dada desde tiempos de Abraham. Todos ellos fueron testigos de las grandes maravillas que Dios hizo mientras transitaban como peregrinos en esta tierra. El cap. 23 dice que Josué en tiempos de paz (ya anciano) llamó a los principales de entre las tribus para darles los últimos consejos, les pide abstenerse de idolatría, pues si no lo hacen, deberán atenerse a las consecuencias (23:13).

 

Por lo anterior, Josué recuerda al pueblo lo que ahora corresponde hacer (vers. 14), si de veras temen a Dios deben servirle con integridad y verdad y evidentemente no servir a otros dioses como lo hicieron sus padres. Al hablar de otros dioses, algunos se preguntarán si los hay, la respuesta es sí, pero a la vez son inexistentes, porque muchas personas de hacen de dioses de cualquier material, los cuales, aunque ni ven ni oyen e inclusive ni existen, sí distraen la atención que debiera darse al único y verdadero Dios. ¿Tiene usted otros dioses?.

 

Por eso Josué pone un ultimátum al pueblo (se requiere de una definición). Esto también es hoy para todo aquel para el que la tradición, la familia, el trabajo, el ejercicio, la egolatría, la comida, la televisión, el dinero, la profesión, los amigos, las reuniones, etc., constituyen dioses a los que se ha puesto antes que a Dios. Hay un sólo Dios verdadero (Is. 42:8 43:10-12, 44:6,8 45:5,6,18, 21, 22). Si nosotros estamos fieles con nuestra familia y los que nos rodean no, no debemos hacernos como ellos; si se les ha predicado y se les ha dado testimonio, pero se ve que no entienden o no quieren, llegará (o ya llegó) el momento de decirles: “Hagan lo que quieran, pero yo y mi casa serviremos a Jehová”. Sin embargo, muchos cristianos tendrían primero que hacer este ejercicio en el seno familiar, procurando que toda la familia conozca y siga al Señor. ¿Con qué autoridad puedo decir esto?, ¿a qué nivel está mi compromiso con Dios?, ¿estoy actuando con autoritarismo?, ¿la democracia se aplica a la familia? El jefe de familia tiene autoridad sobre los que viven bajo su techo (su esposa e hijos), no debe esperar a que los hijos crezcan para preguntarles si quieren o no saber de Dios; les debe enseñar esto desde muy pequeños y, si no lo hizo debe iniciar hoy. Debe ser un propósito firme de los padres, Dios lo manda.

 

A la exhortación de Josué, el pueblo respondió que se decidía al fin a servir a Dios. ¿Qué responderá nuestra familia?, ¿podemos hablar con nuestra familia y hacer este compromiso?, ¿ya lo hemos hecho?

 

Los versículos 17-20 nos muestran que Josué no le creyó al pueblo. Pero el pueblo reafirma que servirá a Dios.

Entonces Josué da testimonio del compromiso y gira instrucciones, según su autoridad, ¿cómo debemos ejercer esta autoridad en la familia?-dando testimonio. Debemos ser cuidadosos al hablar, pues no se puede mandar sobre el corazón de otro.

 

Y el pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos (Jos. 24:24). Esto quisiéramos oír de nuestra familia, que haya convencimiento. Así, se establece un Pacto, un común acuerdo (que no es autoritario). Es muy importante que nuestra familia no se separe de Dios; por lo pronto, el pueblo no se separó más de Dios mientras Josué vivió.

 

Si los que tienen la autoridad (los padres), se apartan, ¿qué esperaremos de los que dependen de ellos? Josué no se apartó. Tenemos la responsabilidad de nuestra familia. Debemos abandonar aquellas cosas que pudieran estorbar nuestro avance en el servicio a nuestro Dios y así daremos testimonio a nuestros hijos. Ahora bien, si nuestros hijos no reconocen ese testimonio, eso ya no depende de nosotros. Tengamos firme el propósito de servir al Señor con nuestra familia, con la ayuda de Él.