La ofrenda de la viuda

Sermones

La ofrenda de la viuda

7 de noviembre de 2010

 

De todo lo que podemos ofrecer a Dios en acciones y en especie, lo importante será hacerlo de todo corazón, pues antes ya le habíamos entregado nuestro corazón, desde que creímos en Jesucristo el Señor.

 

41Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda,  miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca;  y muchos ricos echaban mucho.

42Y vino una viuda pobre,  y echó dos blancas,  o sea un cuadrante.

43Entonces llamando a sus discípulos,  les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca;

44porque todos han echado de lo que les sobra;  pero ésta,  de su pobreza echó todo lo que tenía,  todo su sustento. Mar. 12:41-44 (pasaje paralelo Luc. 21:1-4)

 

En el templo de Jerusalén había varias arcas o urnas para que los varones depositaran el impuesto del templo (Mat. 17:24-27) y las ofrendas voluntarias; también algunas arcas estaban en el atrio de las mujeres. De esta ocasión, se entiende que Jesús se encontraba en el templo, como dice en Luc. 20:1 y en Mat. 11:27, enseñando a muchos (ya en varias ocasiones había enseñado allí; Jn. 8:20), el Maestro siempre daba lecciones para la vida diaria, con ejemplos, aprovechando los sucesos y cosas comunes que siempre están a la vista; estaban presentes los principales sacerdotes, como siempre, listos para juzgar a Jesús.

 

La ofrenda, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento, es voluntaria; cada uno debe dar con liberalidad y alegría (2ª. Co. 9:7); esto está vigente hasta hoy; ninguno está facultado en la iglesia de Cristo para ejercer presión en otro para que de o para andar indagando cuánto cada uno.

 

En el pasaje que nos ocupa, leemos que era muy notorio que los ricos echaban mucho en el arca, porque hacían ostentación de ello; esto el Señor Jesús lo observaba. Fría u objetivamente hablando, los ricos daban mucho (y dan) más que los pobres, pero, aunque parezca contradictorio, algunos pobres daban (y dan) más que los ricos, ¿cómo es eso? Literalmente el Señor lo dijo; generalmente los que tienen mucho dan de lo que les sobra, pues lo que dan no es representativo de lo que retienen para ellos. Nosotros, los cristianos, tengamos  mucho o poco, debemos evitar dar para la proclamación del evangelio de lo que nos sobra. Todo lo primero y lo más importante es para Dios. Asimismo, no pensemos darle un sobrante de nuestro tiempo, sino lo mejor del mismo y lo mejor de nuestros pensamientos o acciones. Nuestro Dios no nos pide limosnas, pues Él es dueño de todo; el que da a Dios algo con alegría, liberalidad y de corazón es el que le agrada y además se beneficia de grandes bendiciones que no necesariamente son materiales.

 

En este pasaje una mujer viuda es la protagonista (sin proponérselo). Las viudas ocupan un lugar muy especial en los cuidados de Dios y nosotros también debemos prodigarles especial atención (Sal. 68:5, Mt. 23:14, Hch. 6:1, Stg. 1:27). En aquel tiempo (como hoy), al faltar el marido, los que quedaban de la familia (viudas o huérfanos) se quedaban sin provisión, pues aunque había leyes que les protegían, algunos hacían caso omiso de ello (como hoy).

 

El Señor vio acercarse a la urna a esa mujer viuda y además pobre que depositó dos blancas, equivalente a un cuadrante (que era una moneda romana de ínfimo valor). El Señor Jesús en Mat. 5:26, da a entender con la frase “hasta que pagues el último cuadrante”, al precario valor de esta moneda; es como si nosotros dijésemos: “Hasta el último centavo” (o peso). Así que hoy, un cuadrante podría representar tal vez entre dos y diez pesos mexicanos. Pero esta pequeña cantidad llega a ser de gran importancia para los pobres de hoy en nuestro país, donde existen 61 millones de pobres (y se siguen incrementando), al grado de que ha sido necesario hacer nuevas clasificaciones; por ejemplo, ahora podemos decir que existen pobres de clase alta y ricos de clase baja (algunos son narcotraficantes).

 

Jesús llamó a sus discípulos para que aprendieran del ejemplo de la viuda pobre (y a nosotros hoy nos habla a través de este pasaje con el mimo propósito), pues ella había ofrendado más que todos (incluyendo a los ricos), aunque había depositado solo dos blancas. A Los ricos siempre les sobraba algo y de allí ofrendaban, pero aquella viuda dio todo lo que tenía (todo su sustento); después de que depositó para Dios aquellas dos blancas ya nada le quedó. Este hecho es un ejemplo de sabia administración o mayordomía, porque lo dio como un acto de fe y amor (por eso el Señor la puso como ejemplo), pues Él vio el corazón de aquella mujer.

 

En la iglesia, solo Dios sabe la intención de cada uno al dar, por lo tanto, no debemos juzgar si alguno da mucho o poco y, como no sabemos, el tema ni siquiera lo debemos abordar con carácter individual; ninguno debe procurar saber cuánto da el otro, pero si alguno siente que da mucho, es mejor que no de, porque su actitud en el no es la correcta (cuánto más si hace ostentación de ello), a nuestro Dios nunca le falta algo, pero a nosotros nos falta aprender de esto.

 

Como la ofrenda es para Dios (no para el hombre), Él quiere que la entrega sea en absoluta limpieza (Mat. 5:23-24). Aprendamos de esta lección para la aplicación en nuestra vida:

 

Dios no ve el monto total, sino la actitud que se tiene para dar.

Dios no exige ni se fija en porcentajes, sino en el corazón.

Dios es el dueño (no del 10%), sino del 100% de lo que tenemos.

La ofrenda es voluntaria.

La ofrenda a Dios es tan especial, que se da por amor, no por obligación.

A Dios se debe dar lo mejor y lo primero, no lo que nos sobra.

Una ofrenda que se da a regañadientes o para buscar reconocimiento, pierde su valor y, en todo caso, es mejor no entregarla.

Todo lo anterior se debe aplicar en cualquier aspecto de nuestra vida cristiana y, por lo mismo, no debemos limitar nuestra entrega al Señor.

Todo aquel que administre en la iglesia una parte de la ofrenda (aunque sea mínima), lo debe hacer con temor y respeto, pues fue entregada con amor a Dios.