Los obreros de la cosecha

Sermones

Los obreros de la cosecha

7 de marzo de 2010

 

En el servicio a Dios es tiempo de sembrar, pero también de cosechar; siempre hay una vacante para todo aquel que se quiera enrolar.

 

 

1Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña.

2Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.

3Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados;

4y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron.

5Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo.

6Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?

7Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo.

8Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.

9Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.

10Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario.

11Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia,

12diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día.

13Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? 14Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti.

15¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?

16Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. Mt. 20:1-16

 

En Mt. 19:29, el Señor Jesús enseña sobre los costos que se tienen que pagar y las cosa que se tienen que dejar cuando se le sigue a  Él. La paga que Jesús da por este servicio es infinitamente superior a lo que se deja atrás. Luego, en 19:30 dice “Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros”, al momento de escuchar esto los discípulos, seguramente no lo entendieron, por eso el Señor procede a referirles esta parábola. En las parábolas sobre el reino de los cielos (como ésta), el Señor Jesús enseña sobre varios aspectos que deben atenderse en el ámbito evangélico (las cosas de Dios en la tierra), las cuales son de vital importancia para nuestra misión cristiana.

 

Esta parábola nos habla de un hombre típico del medio oriente, padre de familia, era aquel que tenía una propiedad para sembrar y la atendía para suplir como jefe de familia todas las necesidades que ésta tuviera. Salió por la mañana (tal vez al alba) a contratar obreros para su viña que probablemente estaba en época de cosecha, que era cuando más obreros se requerían de manera temporal (pues durante la siembra y el crecimiento se necesitan pocos). Algunos obreros ofrecían sus servicios con tiempo, mientras a otros era necesario buscarlos para completar el grupo suficiente. Aquel hombre logró contratar a algunos y convino con ellos por un denario (equivalente al pago de todo un día de trabajo); se entiende que pudo haber sido por más, porque un trabajo eventual no se paga por día. Pero una vez convenido en algo, es necesario tener palabra de honor; por eso los envió a su viña. La viña es un terreno plantado de vides y la vid es la planta que produce uvas.

 

Pero los obreros contratados no eran suficientes y sale el hombre a buscar más a la hora tercera (las 9 de la mañana). Logra contratar a otros a quienes ofrece “lo justo”, o sea lo proporcional a las horas trabajadas, o sea, menos de un denario, porque entrarán a trabajar después de los primeros. Faltando más obreros, pues el trabajo no puede dejarse sin concluir, salió nuevamente a las 12 del día (hora sexta) y contrató a otros, pero después tuvo necesidad de más obreros e hizo lo mismo a las 3 de la tarde (hora nona). Tampoco fueron suficientes y a las 5 de la tarde (la hora undécima) contrató a otras personas necesitadas de empleo que nadie había convenido con ellos y prometió darles lo justo.

 

Naturalmente, los obreros contratados por pocas horas sabían que recibirían muy poco (de por sí no era mucho lo que recibirían los que llegaron al salir el sol, pero era lo justo), pero los que habían trabajado casi nada, en el equivalente de hoy sería trabajar para obtener sólo para pagar el transporte de regreso a casa. Eso muestra la necesidad de ellos y el ánimo de trabajar. Estemos concientes que ahora mismo en muchas partes del mundo (incluyendo las naciones más poderosas), hay muchas personas que, sin ser perezosas, sufren de necesidad extrema (si hiciéramos una conversión de la cantidad que pensaban recibir aquellos obreros a la equivalente al día de hoy, nos sorprenderíamos).

 

Las jornadas de trabajo eran de sol a sol. La noche empezaba al caer el sol y así llegó el momento de la paga. Aquel hombre decide pagar primero a los que llegaron al último (algunos hoy lo hacen así para que los que reciben menos se retiren antes y no vean lo que ganan los otros y se desanimen). Así que pasaron a cobrar, los que habían trabajado una hora (tal vez de 5 a 6 de la tarde) y recibieron la paga completa. Se entiende que así se pagó también a los que llegaron a las 3 de la tarde, a los de las 12 horas y, tal vez a los de las 9 de la mañana.

 

Al ver lo que se pagó a todos estos, los que llegaron temprano pensaron que ellos recibirían más, pero la paga fue la misma (lo justo). Se molestaron cuando vieron su pago y reclamaron al jefe de familia por qué los había hecho iguales a aquellos (los había tratado igual, les había pagado lo mismo). Lo que dice el versículo 13 es equivalente a que el jefe de familia les pregunte: ¿En cuánto quedamos? El patrón no estaba incumpliendo ni actuando injustamente, así que les pide que se retiren, pues él ha cumplido (y ellos también), pero les aclara que él puede hacer con lo suyo lo que quiera. Este hombre había  mostrado misericordia; tan necesitados estaban los unos como los otros.

 

Tenemos grandes enseñanzas en esta parábola; es pecado tener envidia, Dios en su soberanía reparte como Él quiere a sus siervos, ya sea dones, ya sea bienes materiales, herencias o belleza física (no nos opongamos a ello). Demos gracias a Dios por lo que nos ha dado y por lo que no nos ha dado. Démosle gracias por lo que ha dado a sus otros hijos, nuestros hermanos en la fe. Démosle gracias por lo que ha dado a nuestros parientes y familiares, no envidiemos a los incrédulos que prosperan a pesar de no conocer a Dios. Si Dios es nuestros Señor reconozcamos siempre el Él es soberano y no pongamos en duda sus siempre perfectas y preciosas decisiones.

 

El hombre de la parábola es la figura del Padre Celestial. Los obreros representan a los cristianos que sirven a Dios. La viña es la obra de Dios. La cosecha son las almas listas para recibir el evangelio. El crecimiento de la semilla fue atendido por el jefe de familia (Dios).

 

El versículo 16 nos remite nuevamente al 30 del capítulo anterior (casi dicen lo mismo), en medio de ambos se encuentra esta parábola. Pensemos en esto: Dios en su reino (en el evangelio, en la iglesia y el servicio), nos muestra que no considera antigüedades ni cacicazgos que puedan apropiarse o arrogarse ciertos conocimientos, derechos, cargos o ministerios; delante de Él somos iguales todos y recibiremos la misma paga. Tan importante para la iglesia es la persona que se convirtió la semana pasada como aquel que tiene cincuenta años en el evangelio o el pastor. Las enseñanzas de nuestro Maestro (Jesús) son maravillosas y sorprendentes; al mismo tiempo nos enseña que todos somos diferentes: Los últimos serán los primeros y muchos son llamados, pero pocos escogidos. ¿Es usted de los primeros o de los últimos?, ¿es usted de los muchos o de los pocos? Piense en ello.