Tradiciones de Hombres

Sermones

Tradiciones de Hombres

6 de septiembre 2009

 

Es importante valorar el legado de nuestros antepasados de la historia nacional, de nuestros antepasados en la familia y de nuestros antepasados cristianos, pero esta herencia en tradición cultura o doctrina nunca debe estar antes o por encima de las enseñanzas que Dios nos da cada día.

 

 

1 Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo:

2 ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan.

3 Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?

4 Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.

5 Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte,

6 ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.

7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo:

8 Este pueblo de labios me honra;

Mas su corazón está lejos de mí.

9 Pues en vano me honran,

Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres. Mat. 15:1-9 (pasaje paralelo Mr. 7:1-13)

 

Se acercan escribas y fariseos a Jesús haciéndole preguntas con insana intención, ¿cómo son estas personas? El escriba era un copista o amanuense. Entre los hebreos, era considerado un doctor e intérprete de la ley. Se sabe de un amanuense como aquel que tiene el oficio de escribir a mano, copiando o poniendo en limpio escritos ajenos.

 

Por otra parte, el fariseo, entre los judíos, era miembro de una secta que afectaba rigor y austeridad, pero eludía los preceptos de la ley y, sobre todo, su espíritu. Con el tiempo, ser fariseo es equivalente a ser hipócrita, porque Jesús los describió de esta manera.

 

Aparte de los escribas y los fariseos, otra secta llamada de los saduceos se habían constituido en enemigos de Jesús, juntamente con los sacerdotes. Como sus enemigos, siempre estaban buscando ocasión para acusarle de algo. Los escribas y fariseos que se le acercan seguramente habían sido testigos de milagros y maravillas hechas por Jesús, algunas de los cuales se narran en el capítulo anterior. La envidia les había cegado para no ver los portentos y sí ver supuestos errores. Tenían una actitud absolutamente negativa.

 

El versículo 2 registra una pregunta y al mismo tiempo una afirmación de los mismos escribas y fariseos, con el propósito (según ellos), de exhibir a Jesús en el error. En la pregunta le solicitan a Jesús una explicación acerca de por qué se minimiza la tradición de los ancianos.

 

Fríamente, podemos afirmar que tradición es una transmisión de doctrinas, ritos y costumbres de generación en generación. También se entiende como una elaboración literaria en prosa o verso, de un suceso trasmitido oralmente por generaciones. O, en el caso de los judíos, como una interpretación oral acumulada del Antiguo Testamento (sobre todo de la Ley de Moisés), dada por los escribas, a la cual llamaban toráh ceba. La transmisión se llamaba gabaláh.

 

Para fariseos y rabinos (evidentemente equivocados), la ley oral era de origen divino casi o en igualdad con la ley escrita. Lo legal era halaká, lo no legal era haggadá (erudición, tradición), que incluía la metafísica, teología, historia, leyendas y parábolas.

 

Con el tiempo, la tradición oral se puso por escrito y se le llamó mishná y se le inscribió en el Talmud. Recordando que el Talmud es una obra que recoge las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, leyendas e historias.

 

Así que, en términos generales, la transmisión oral fue conocida como la “tradición de los ancianos”, como en este pasaje se menciona.

 

La afirmación de escribas y fariseos manifiesta su justificación de la pregunta elaborada. Tenían en mayor o igual estima a la tradición oral con las Escrituras (pero resulta que la ley de Moisés no hacia alusión al lavamiento de manos excepto para sacerdotes). Esta tradición oral o de los ancianos, se componía básicamente de tres partes:

 

· Leyes dadas oralmente por Moisés a los setenta ancianos además de la ley escrita.

· Decisiones de jueces que sentaron precedente.

Interpretaciones de las Escrituras dadas por grandes rabinos.

 

Jesús les hace reflexionar sobre la importancia de no anteponer la tradición de hombres a la ley de Dios (que no tiene comparación). Así, Jesús ataca la pretensión de una revelación adicional. Las normas humanas no pueden sustituir la doctrina de Dios (Mr. 7:8-13, Col. 2:8). La gran cantidad de interpretaciones humanas pone un velo sobre la verdadera doctrina de Dios (Mr. 7:13), como ocurre en la actualidad muchas veces con los comentarios bíblicos, los cuales se deben consultar con reservas, no importa qué tan reconocido sea el escritor.

 

La gravedad de la tradición de los ancianos era que cegaba a los hombres para que no vieran la necesidad de entregar su corazón a Dios y en lugar de ello observar ciertas formas externas que creían les salvaban.

 

Basado en Éx. 21:17 y Lv. 20:9, Jesús les da un ejemplo de cómo pecan y hacen pecar a la gente anteponiendo la tradición de hombres a la doctrina de Dios. Conforme a Ex. 20:12, Dt. 5:16 y 15:4, Jesús les recuerda en todo caso la ley que les rige en ese momento y que no la respetan (lo hace de manera equivalente a como comenta a los fariseos acerca del diezmo en Mt. 23:23 o Luc. 11:42).

 

Actualmente no está vigente para los judíos (ni para nosotros), que si alguno no honra a sus padres deba morir, pero en ese tiempo sí, pero lo rehuían. Ahora también pasa que en entre los que no somos judíos se toman algunas prácticas de éstos que convienen (como el diezmo) y las otras ni se mencionan. Nosotros no somos judíos y nunca hemos estado bajo su ley. Si (como se registra en Hechos 15), fue condenado judaizar para los judíos convertidos, ¿cuánto más para nosotros? Porque el que anda judaizando está negando que Cristo Jesús haya venido. Nosotros amamos la palabra contenida en la ley, pues es figura y sombra de lo que había de venir, pero no estamos bajo esa ley, sino bajo la ley del evangelio. Cada palabra de las Escrituras debe comprenderse en su contexto y luego hacer la aplicación correspondiente a nuestra vida (Neh. 8:8).

 

La tradición de los ancianos (no la ley), autorizaba a un hijo a decir por ejemplo a su padre o madre en necesidad: “He pronunciado la palabra sacramental (corbán u ofrenda a Dios), sobre este bien que podría serte útil, discúlpame, pues es ya de Dios”. Así se violaba la ley de Dios.

 

Jesús enseña que todo aquel que antepone la tradición a las Escrituras, es un hipócrita (que finge cualidades o sentimientos contrarios a  los que verdaderamente se tienen o experimentan).

 

Nosotros debemos honrar a Dios de boca y corazón; con acciones justas indicadas en su palabra. Pues si la honra a Dios no se hace como Él lo indicó, es en vano hacerla.

 

La palabra de Dios, como es, puede ser incómoda para muchos, pero nunca los mandamientos de hombres (pastores, maestros, teólogos etc), ni sus doctrinas, ni sus ideas, ni sus instrucciones, filosofías, costumbres o tradiciones, pueden estar por encima de la palabra de Dios, seamos celosos en ello.